“El resplandor del mal: la belleza que obedece”



En la historia y en la ficción hay colores que no solo decoran sino que declaran. El blanco y el rojo forman una pareja peligrosa, una dualidad que se repite en los símbolos del poder y del miedo. En el universo de Star Wars, la Guardia Imperial encarna esa dualidad a través de sus uniformes blancos y rojos, mientras que en la historia real el Ku Klux Klan también adoptó esas mismas tonalidades para representar jerarquías dentro de su estructura de odio. En ambos casos el color se convierte en lenguaje y el cuerpo en altar, y lo que se muestra como pureza o nobleza termina siendo el rostro brillante de la dominación

El blanco no alude aquí a la paz ni a la bondad, sino a la esterilidad absoluta del poder. Es el color del vacío, el de la obediencia, el de un orden que no tolera manchas ni dudas. Su superficie metálica refleja la luz como una hoja quirúrgica, limpia, fría, impecable, sin espacio para el error humano. Frente a ella el espectador percibe no a una persona sino a una presencia, un símbolo pulido del control total. En el Klan el blanco opera de otra manera, aunque con resultados parecidos: pretende significar pureza moral, santidad cristiana, pero su brillo cubre una violencia sistemática. La túnica blanca es el manto de la culpa lavada, una estrategia estética para parecer virtuoso mientras se ejerce el terror




El rojo, por su parte, pertenece al corazón del poder. En la saga, los Guardias Imperiales rojos son la sombra ardiente del Emperador Palpatine. De pie, inmóviles, envueltos en un color que es sangre, autoridad y sacrificio, representan el extremo opuesto del blanco pero su propósito es el mismo: borrar el individuo para servir al orden. El rojo domina por presencia, no por número. Es el color de la devoción absoluta y la violencia ritual. En el Ku Klux Klan el rojo también existió, reservado para altos rangos o ceremonias especiales. Allí el rojo no simbolizaba obediencia sino jerarquía dentro de un sistema de terror. Era el color de quienes dirigían la llama y la cruz, de los que se veían a sí mismos como sacerdotes del odio. En ambos contextos, el rojo convierte el cuerpo en bandera y el acto en ceremonia. Es el color que exige sumisión y promete poder a cambio de identidad


El renacer del Ku Klux Klan


Los guardias del Senado/Guardia Imperial de Star Wars :  r/TopCharacterDesigns


La coincidencia entre ambos universos, el ficticio y el histórico, se hace evidente en la forma en que usan el color para legitimar la autoridad. El blanco y el rojo, opuestos en la paleta, se unen en su función: uno purifica, el otro sanciona. En la Guardia Imperial el blanco encarna el control técnico del Imperio y el rojo la santificación del Emperador. En el Klan el blanco disfraza el miedo bajo la apariencia de santidad y el rojo consagra la violencia con un tono de martirio. En ambos casos los colores funcionan como un código moral invertido donde la luz es amenaza y la sangre se convierte en insignia. Ninguno necesita rostro porque la identidad está disuelta en la tela, en la capa, en la túnica. El rostro humano desaparece, y con él la responsabilidad

El anonimato es su verdadero lenguaje. La máscara, el casco o la capucha no solo protegen sino que justifican. Nadie mata, nadie obedece, es el uniforme quien lo hace. En la ficción galáctica ese anonimato sirve como crítica: muestra el peligro de los sistemas que borran al individuo para preservar el orden. En la historia real, en cambio, ese anonimato permitió la impunidad. Las túnicas blancas y rojas del Klan no eran solo disfraces, eran herramientas políticas que transformaban el crimen en espectáculo. El terror se teatralizaba, se convertía en procesión, en misa torcida donde cada color tenía su papel

Hay algo profundamente ritual en estas imágenes. La Guardia Imperial y el Klan comparten la coreografía de la obediencia: filas, silencio, solemnidad, repetición. En ambas estéticas el cuerpo se subordina al color. El uniforme no viste, absorbe. No protege, sustituye. Las líneas verticales, las capas largas, la ausencia de piel crean la ilusión de pureza, de perfección. Pero esa perfección es una forma de negación, una manera de borrar lo humano bajo la geometría del símbolo. El rojo y el blanco no son colores, son mandatos: pureza sin compasión, autoridad sin rostro

El atractivo de estas figuras radica en su belleza helada. Fascinan porque simplifican el mundo: blanco para la obediencia, rojo para el poder. No hay matices, no hay culpa. Esa simplicidad es precisamente lo que las hace tan efectivas. El espectador queda atrapado en la elegancia del orden sin notar que esa elegancia está hecha de silencio y de miedo. El blanco anestesia, el rojo hipnotiza, y entre ambos construyen el teatro perfecto del autoritarismo

En el fondo, tanto la Guardia Imperial como el Klan utilizan los mismos mecanismos simbólicos. Uno desde la ficción, otro desde la historia, pero los dos nos hablan de la misma tentación: la de esconder la violencia detrás de la forma. El color se vuelve argumento, la estética se vuelve moral, y la moral desaparece. El blanco representa la obediencia sin mancha, el rojo la devoción sin duda, y ambos juntos trazan la paleta completa del poder absoluto. No hay sangre que manche, porque el color ya la contiene. No hay culpa, porque el color ya la redime

Mirar estas figuras hoy, desde la distancia del tiempo o de la pantalla, exige no olvidar lo que representan. La máscara blanca y la máscara roja son espejos del mismo vacío. La primera brilla con la luz de la pureza, la segunda arde con la llama de la autoridad, y ambas esconden la ausencia del rostro, el silencio del individuo borrado. Comprenderlo no es un ejercicio estético sino moral. Porque mientras haya poder que se disfrace de pureza o de sacrificio, mientras el color siga sirviendo para justificar la obediencia o el miedo, el bisturí debe seguir cortando. Y debajo del uniforme, del rojo o del blanco, siempre habrá una piel que recuerda lo que es ser humano.


Gara Lacaba Toledo 



Comentarios

  1. Curiosa comparación. No sé si Lucas tenía al KKK en la cabeza, al diseñar a los personajes, pero también podría obedecer a ciertos arquetipos, como el del "viaje del héroe". En definitiva, me ha gustado leer esta hipótesis. Saludos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Las vírgenes suicidas huyen en un Mustang.

El Enigma de "Un Perro Andaluz": ¿Relación con Ritos Satánicos?