"La Muerte de las mujeres en la cultura pop"




La muerte de las mujeres en la cultura pop es un motivo que atraviesa géneros, épocas y lenguajes visuales. Esa figura (la mujer detenida en un instante final, entre la caída y el silencio) aparece con insistencia en el cine, en las series, en los videoclips, en la fotografía y en el arte moderno. No siempre se trata de violencia real; a veces es metáfora del desgaste, del abandono, de la pérdida emocional. Pero su persistencia convierte esta imagen en un espejo cultural que vale la pena observar con cuidado.


El cine clásico ya exploraba este magnetismo. En
 Laura (1944), la protagonista parece vivir sólo en las memorias de quienes la conocieron, reconstruida a partir de su supuesto asesinato. En Vértigo, Hitchcock llevó esta idea más lejos: la mujer muerta (o la que se cree muerta) se convierte en una figura moldeada por la obsesión, una presencia que no está, pero determina cada gesto del protagonista. Estas obras no buscan culpabilizar ni victimizar a nadie; simplemente reflejan la fascinación antigua por unir misterio, belleza y tragedia en un mismo rostro.

"Laura"




"Vértigo"


Las series contemporáneas heredaron esta estructura, aunque con matices. En
 Top of the Lake o The Killing, una joven muerta no es un ornamento narrativo, sino el centro emocional de una comunidad que intenta entender lo ocurrido. Estas historias se esfuerzan por devolver humanidad a la víctima, mostrar su entorno y sus vínculos, evitar que quede reducida a simple detonante. La figura sigue siendo la misma, pero el enfoque ha cambiado: ya no se trata solo de un cadáver, sino de una vida interrumpida.



"Top of the like"






"The Killing"


Los videoclips, en cambio, han llevado esta imagen a un terreno más simbólico y estético. En Born to Die de Lana del Rey, la muerte aparece rodeada de lujo y decadencia, más como un estado emocional que como un hecho. En otros casos, el cuerpo femenino se muestra suspendido, flotando, tendido en poses que recuerdan a la iconografía romántica del siglo XIX. Y dentro de este amplio espectro visual, hay escenas que, sin proponérselo, evocan obras de arte cargadas de tragedia.


Un ejemplo reciente es un breve momento de Taylor Swift (particularmente visible en el videoclip
 Look What You Made Me Do) donde la artista aparece desplomada sobre un coche tras un accidente simbólico. La imagen, aunque concebida como un guiño a su propio renacimiento público, recuerda inevitablemente a cierto aire visual presente en El suicidio de Dorothy Hale de Frida Kahlo. No porque exista un homenaje directo, sino porque ambas imágenes comparten esa sensación de caída detenida, de mujer elegante inmovilizada en un escenario que mezcla fragilidad y teatralidad. El vestido impecable, la postura rígida, la belleza que persiste en medio del daño: elementos que resuenan entre sí de forma casi intuitiva. Esa similitud no convierte el videoclip en una reinterpretación del cuadro, pero sí revela cómo ciertas composiciones visuales continúan apareciendo, como si formaran parte de un imaginario colectivo que no termina de disolverse.


Escena del videoclip "Look what yo made me do" 


Cuadro "El suicidio de Dorothy Hale" de Frida Khalo 

El arte, por supuesto, ha tratado este tema con mayor profundidad. El caso de Frida Kahlo y su cuadro El suicidio de Dorothy Hale es especialmente conmovedor. Frida retrata a la actriz en tres instantes sucesivos: la caída, el impacto y el cuerpo inmóvil. No hay morbo, ni búsqueda de espectáculo. Hay compasión, una especie de respeto sagrado hacia la tragedia ajena. A Dorothy no se la convierte en símbolo vacío; se la devuelve a su individualidad. La pintura, aunque dura, honra a la mujer real detrás del suceso. Algo similar ocurre con las fotografías inspiradas en Ofelia, desde los lienzos prerrafaelitas hasta las versiones contemporáneas de Gregory Crewdson o Annie Leibovitz: la mujer sumergida en agua, rodeada de flores, suspendida entre vida y muerte, imagen que sigue devolviéndonos belleza y melancolía al mismo tiempo.



¿Por qué esta figura persiste? Quizá porque, desde siempre, la representación de la muerte ha sido un intento de comprender el misterio que la rodea. Y en la cultura pop, la mujer muerta (o casi muerta, o simbólicamente caída) se convierte en un cristal donde se refractan emociones humanas universales: miedo, pérdida, deseo de proteger, fascinación por lo frágil, nostalgia por lo que se apaga. No es necesario suponer malas intenciones ni señalar culpables. La imagen existe porque conmueve, porque golpea, porque abre un relato sin necesidad de palabras.

Cuando estas representaciones se abordan con sensibilidad, pueden convertirse en homenajes, en ejercicios de memoria, en reflexiones sobre lo que se quiebra y lo que queda. Cuando se utilizan sin cuidado, sí pueden reducir a la mujer a un simple recurso visual. Pero el equilibrio no depende del género de quien crea la imagen, sino de la mirada: de la capacidad de tratar el dolor ajeno con humanidad.

Tal vez esa sea la razón por la que esta figura sigue regresando. Porque, aun envuelta en tragedia, la muerte femenina en la cultura pop no sólo habla del final, sino del deseo (humano, profundo) de entender algo que siempre se nos escapa. Y allí, entre la estética y la emoción, entre la caída y el silencio, es donde este motivo conserva su fuerza.


Gara Lacaba Toledo 

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